SAN SEBASTIÁN DEL OESTE,
JALISCO, MÉXICO.
Pocos imaginaríamos que a tan solo 60 kilómetros de Puerto Vallarta, encaramado entre las montañas, exista un lugar tan hermoso, peculiar y entrañable como el pueblo mágico de San Sebastián del Oeste.
Se trata de una población de origen minero que tuvo sus mejores momentos en los días de la colonia, cuando alcanzó los 20,000 habitantes. No obstante, en el siglo XIX muchos de ellos partieron hacia otros rumbos, principalmente por el cierre de las minas.
Para conocer un poco de su historia les diré que en tiempos prehispánicos, la región estuvo habitada por los indígenas tecos y en 1524, los españoles Francisco Cortés de San Buenaventura y Juan de Escárcena se encargaron de conquistar la zona. Posteriormente, cuando llegó al lugar Nuño de Guzmán con sus fuerzas armadas, en 1530, se hizo con el control del sitio. A raíz del hallazgo de valiosas minas, se estableció allí la jurisdicción de Real de Minas de San Sebastián y durante el tiempo de la colonia, esta última se consolidó como uno de los centros mineros novohispanos más relevantes. Nombrada como Real de San Sebastián en los tiempos coloniales, esta comunidad jalisciense, para mediados del siglo XIX, ya era denominada como San Sebastián y a inicios de la década de 1980 obtuvo su nombre actual.
San Sebastián cuenta con una gran historia y es principalmente visitado por la belleza e interés histórico de su patrimonio físico, que proviene de la época colonial. Entre estos testimonios podemos citar el Templo de San Sebastián, la Hacienda Jalisco, así como la Mina Santa Gertrudis y la Mina La Terronera, que son algunos de los más de 50 yacimientos mineros que existieron en el pasado. Otra manera de revivir el antaño minero es visitando la Casa Museo Doña Conchita Encarnación y el Museo Parroquial. Otros sitios de interés son La Quinta, una finca en la cual todavía se procesa el café de la región, así como la plaza principal y el panteón antiguo.
Un lugar que me llamó mucho la atención fue la Casa Museo de Doña Conchita y es que durante la época virreinal y también posteriormente, los miembros de las familias españolas tenían la costumbre de casarse entre ellos mismos para preservar sus raíces. Doña Conchita fue la tatarabuela de una familia española y curiosamente, tras varios enlaces interfamiliares, se convirtió en esposa, prima y tía de su propio marido. Esta historia se las contará con mayor elocuencia Lupita, hija de doña Conchita, encargada y guía del museo en la actualidad. Al final de la visita es obligada una foto con Lupita, la cual pasa a formar parte de su álbum, haciéndote llegar una copia por correo postal.
En cuanto a alojamiento les recomiendo mucho el Hotel Museo Hacienda Jalisco que fue construida para albergar y procesar los metales preciosos explotados en las minas antes de ser enviados a España. Cuenta con el encanto antiguo de la ausencia de energía eléctrica, siendo iluminada con lámparas de aceite y velas, como en la época colonial. Sin duda, hospedarte en esta hacienda es realizar un viaje por el túnel del tiempo. Otra opción es la Hacienda Matel es la mejor y más lujosa, llena de historia y tradición, con una estructura colonial de primera y un servicio excepcional.
Y si de comer se trata, el pequeño pero acogedor restaurante El Fortín es un “must” donde podrás degustar el pastel de carne o el delicioso y original pollo al tamarindo y de postre una pasadita por El Galletero Mágico para dar una probadita al mejor pan de hojaldre del pueblo.

Pero mi mejor consejo es que vayas y seas tú quien descubra este fascinante lugar de nuestro México Mágico e inagotable.
Ve y descubre San Sebastián del Oeste!!!
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